Cómo aterricé en las redes sociales
Los mundos de Baby
Conociendo mi nivel de enganche a las redes sociales, resulta increíble creer que las conozca desde hace tan poco, pero así es. Si alguien me hubiese hablado hace apenas unos años del facebook, twiter, youtube… o incluso del Messenger, le hubiese mirado extrañada o desinteresada, como si de política me hablase (aclaro que de política tampoco entiendo nada).
Conocí a un chico en unas vacaciones. Bueno, conocer quizá sea una palabra demasiado grande para expresar la realidad; aunque en verdad, ¿qué significa exactamente “conocer”?... Creo que tendré que buscar el significado exacto en otro momento.
Como iba diciendo, en unas vacaciones en una estación de esquí de cuyo nombre no quiero acordarme (en realidad, sí me acuerdo, pero no viene a cuento), le “conocí” a “Él”. Era mi primera vez en una estación de esquí y “Él” era monitor. Como es de suponer, ni siquiera reparó en mí, aunque más adelante, para no quedar mal, aseguró todo lo contrario. Durante mi estancia allí mantuvimos no más de un par de “conversaciones”. Pero “Él” me parecía majo; vamos, que me molaba. Así que, me permití el lujo de tontear con. Me pasé una semana sin faltar un solo día a mis clases, buscándole por la estación y cruzando miraditas y algún que otro comentario vacilón. Ahí se quedó la cosa, y yo me volví a mi casa con la satisfacción de unos días divertidos, que me hicieron volver, en cierto modo, a mi época adolescente.
Como os decía, hasta entonces, no sabía mucho de redes sociales, por no decir nada. Sí, sabía que existía internet y la verdad, me tenía loca… ¡Qué gran invento!, pero nada más. Desde luego, si alguien me preguntase qué me llevaría a una isla desierta, respondería, sin dudarlo… ¡Internet! ¿Se puede llevar Internet a una isla desierta?
Una tarde aburrida, cogí mi pequeño juguete (me refiero al portátil, de esos otros juguetes hablaremos en otra ocasión), y me puse a navegar por internet. Entonces recordé que “Él”… (Sí, es cierto, va siendo hora que sepáis que “Él” se llamaba Alex). Como iba diciendo, Alex me había dejado una tarjeta donde aparecía la dirección de una página web en la que ofertaba, además de los cursos de esquí, excursiones y muchas actividades más, que tampoco vienen a cuento.
Busqué la tarjeta, creo que incluso desesperadamente, y tecleé la dirección. No sé muy bien por qué lo hice, pero en ese momento, cuando le vi allí mirándome sonriente desde la pantalla de mi portátil, no estaba segura si era mi día de suerte o era mi peor pesadilla. Le había borrado casi por completo de mi mente, pero el hecho de volver a verle despertó en mí, de nuevo, esos instintos de mis días de vacaciones.
Reconozco que soy impulsiva, así que, actué como suelo hacerlo, a lo loco y por impulso. Casi sin pensarlo pinché en la ventana “contacto”… “enviar mensaje de texto” y al instante mi gestor de correo se abrió y mis dedos comenzaron a trabajar. Escribí un mensaje lo más sencillo, sugerente y enigmático que pude, diciendo que había estado recientemente en sus clases y que me había fijado en él. Nada más. Anónimo y como única vía de contacto mi correo electrónico. No sé si tardé más en escribirlo o en darle a la tecla de enviar. El caso es que cuando quise arrepentirme, ya no había vuelta atrás. Ya estaba hecho, sin quererlo, había entrado de cabeza en el universo de las redes sociales.
Sí, ya sé que enviar un correo electrónico no tiene nada del otro mundo. Y no, no soy ninguna anticuada, claro que había enviado correos electrónicos antes…. en el curro. Pero esperad a ver lo que viene a continuación y lo entenderéis… Continúa.


 


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