El camino de los sentidos
Carmela González

Regreso a casa después de un congreso, sintonizo la radio del coche y escucho una conversación que me resulta impactante. Un ejemplo de superación fuera de lo común. Gerardo, un chaval gallego de treinta y un años, sordo-ciego, hizo el camino de Santiago el verano pasado, en un triciclo-tándem adaptado especialmente para él. Pero hasta llegar a alcanzar esta gesta el camino fue tortuoso y difícil. Alguien especial estaba detrás de todo esto, Javier Pitillas, el alma de esta hazaña. Un policía municipal de Vigo, desde hace años y como voluntario y en sus ratos de ocio, se dedicó a entrenar a discapacitados de la ONCE. Allí conoció a este héroe. Esto se remonta a quince años atrás. Este chaval pasó de ser su alumno a un amigo. Gerardo, que contó siempre con el apoyo incondicional de su familia, tuvo la suerte de conocer a este ángel, Javier Pitillas, ahora amigo de por vida. Él fue sus ojos, su oído y su motor, pero sobre todo su máximo apoyo a lo largo de todo el periplo desde Roncesvalles a Santiago de Compostela. Javier y Gerardo incluso llegaron a desarrollar un pseudolenguaje para poder entenderse, dibujando los signos de las letras en la palma de la mano de Gerardo o con pequeños toques en distintas partes del cuerpo. El aprendizaje hasta ese momento fue duro, pero a ninguno de los dos les importó lo más mínimo. La odisea empezó con la ilusión de Gerardo por la bicicleta, ya que ésta le permitía cierta libertad y movilidad. Mucho entrenamiento sobre la bicicleta estática hasta llegar a pedalear sobre un triciclo adaptado. Pero también conseguir este artilugio no fue nada fácil, desde su localización vía internet en un proveedor holandés, hasta la propia financiación para conseguirlo. La hermana de Javier Pitillas tiene mucho que ver en todo esto. Se hizo pasar por un emigrante gallego residente en Venezuela, y que estaba dispuesto a sufragar los gastos del vehículo. Ella trabajaba temporalmente en ese país. Pretendía deambular por el anonimato durante un tiempo. Había que conseguir más dinero para el proyecto, y el milagro vino de la mano de una productora, que grabó todos los avatares a lo largo del camino. Víctor Bello, de Beloke Producciones, y su equipo, fueron testigos de la lucha de Javier y Gerardo. Un documental, máximo exponente de superación, de lo que parecía prácticamente imposible de realizar, fue el maravilloso resultado. Las limitaciones de Gerardo eran muchísimas. Su ceguera, su sordera y su pérdida de equilibrio constante hacían peligrar por momentos la puesta en marcha de esta ilusión. Gerardo no dudo ni un minuto en apostar por esta hazaña. Todo en él era optimismo y muchas ganas de hacer el camino. Me leí el diario completo publicado en internet, relatado por Javier, y confieso que me he emocionado en muchas ocasiones. La vida siempre me da lecciones magistrales de superación y valentía, pero sobre todo de altruismo, de una generosidad incondicional. Continúa...


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