¿Y quién va a pagar el bizcocho?
Cristiane Grando
Fines del 2011. Cruce de la Máximo Gómez con Santiago. Miro a una agencia de banco, distraída. Uuuuuuuiiiirrrrrrrrrrrrrrrr. Mezcla de mi grito con el sonido de las ruedas del auto. Mi amiga Mayra Johnson manejaba su jeepeta blanca, que se chocó con un motor y un carro público. Bajamos para ver si había alguien herido. Sí, había. El bizcocho.
Todos discutían y llegaban a un acuerdo: el seguro pagaría los daños a los vehículos. Todos tenían prisa -y así manejan casi todos los dominicanos- pero nadie había comentado el por qué de sus prisas. Sólo un hombre que venía en la parte delantera del carro público -pagando por dos personas, es lógico, porque traía un bello bizcocho- explicó la causa de su ajetreo. Su hijo cumplía años y él iba de camino, a celebrar.
- Esa mardita loca no va a creer. Le voy a decir que sí, que tenía dinero para comprar el bizcocho, que lo compré, pero la loca esa no va a creer. Y ahora, ¿quién va a pagar el bizcocho?
Con mi mentalidad inmersa en la cultura de mi país, el Brasil, en una situación como esta, recordé un verso de Carlos Drummond de Andrade que retrata la situación de miseria social que conocemos perfectamente en tantos países… “¿Y ahora, José?” Usamos esta expresión que se pegó en la mentalidad del brasileño como un proverbio popular. Sigamos con un fragmento de este poema, en traducción de Estela dos Santos: “¿Y ahora José?/ tu dulce decir/ tu instante afiebrado,/ tu gula y tu ayuno,/ tu biblioteca,/ tu alfiler de oro,/ tu par de anteojos,/ tu incoherencia,/ tu odio ¿y ahora?// Con la llave en la mano/ quieres abrir la puerta,/ no hay puerta;/ quieres morir en el mar/ pero el mar se seco;/ quieres ir a Minas,/ no existe Minas./ José ¿y ahora?// Si gritaras,/ si gimieras,/ si tocaras/ un vals vienés,/ si durmieras,/ si te cansaras,/ si te murieras.../ ¡Pero no te mueres,/ eres duro, José// Solo en la oscuridad/ como un animal del monte,/ sin teogonía,/ sin pared libre/ donde apoyarte,/ sin caballo negro/ que huye al galope,/ ¡caminas, José!/ José ¿hacia dónde?”
En: http://www.antoniomiranda.com.br/Brasilsempre/carlos_drummond_andrade.html
El hombre insistía, ya empezaba a gritar como un loco: ¿Y quién va a pagar el bizcocho? ¿Y quién va a pagar el bizcocho? ¿Y quién coño va a pagar el mardito bizcocho? Me pregunto qué estaría pensando este hombre anónimo, José, llamémoslo así… ¿Hacia dónde voy? Que pa’la casa no puedo ir “sin” el bizcocho ese. Y sin dinero pa comprar “otro”, sin dinero pa too lo que los muchacho necesitan pa come, vesti, pa i a la ecuela… ¿Qué carajo hago ahora?
¿Y ahora, José? El merengue del bizcocho, que es esta crema de más de dos dedos de altura –de los grandes, oíte- mezcló su blancura con el negro del polvo de la ciudad cuando se estrelló contra el vidrio roto del auto, pero que igual sirve, este carro todo destartalado que es un “corazón de madre” cargando a diario el chofer, dos pasajeros adelante y cuatro más atrás… A veces uno de los pasajeros puede ser fundas de supermercado, compras… o un bizcocho. Cubierto con un sabroso merengue blanquecito, hecho un sueño: el de un día conocer la nieve, en Suiza o en Canadá, por ejemplo.
- José, ¿y ahora, qué?
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