Diego Bass
A media tarde decidí salir a pasear, y me dirigí hasta el Santuario de A Virxe da Barca. Tenía curiosidad por ver de cerca las famosas piedras que desde tiempos remotos fueron motivo de culto, y que está muy arraigado en esta zona. Desde que fue descubierta la tumba del Apóstol Santiago en la Edad Media, la visita a Finisterre se convirtió en el final de la peregrinación xacobea a Compostela, una vez cumplida la adoración del sepulcro del Santo Apóstol. Esta era una ruta romana, y la gente se acercaba hasta Finisterre con el único objetivo de ver dónde acababa la tierra.
Hay una leyenda que habla de la aparición de la Virgen al Apóstol Santiago. Según esta leyenda, la Virgen se le apareció cuando mostraba cansancio y tristeza por no poder cristianizar estas tierras. La Virgen llegó en una barca: la vela “Pedra de Abalar”, el barco “Pedras dos Cadrís” y el timón “Pedra do Timón”. Según cuenta la tradición, estas piedras fueron tiempo atrás motivo de culto pagano, más concretamente de culto celta, aunque más tarde fue cristianizado.
La piedra más conocida de las tres es la llamada “Pedra de Abalar”, que es un megalito de nueve metros de largo y treinta centímetros de espesor. La piedra tiene la curiosidad de balancearse cuando la gente se sube en ella, emitiendo un ronco sonido. También cuenta la tradición, que este movimiento se produce cuando las personas que se suben a ella están limpias de pecado. Según otra leyenda, la piedra se mueve para avisar de los peligros de los temporales durante los duros inviernos que se viven en la zona. Estas costas son muy peligrosas y, por desgracia, aquí hubo muchos e importantes naufragios. En mil novecientos setenta y ocho, la piedra fue desplazada ligeramente de su lugar habitual por un fuerte temporal, pero fue colocada en su antiguo emplazamiento. La piedra denominada, “Pedra dos Cadrís” también es muy conocida. Tiene forma de riñón, y en la leyenda cristiana simboliza la vela de la embarcación en que apareció la Virgen. A esta piedra se le atribuyen propiedades curativas para el dolor de riñones, reuma y otras enfermedades. Para que este tipo de dolencias se puedan curar es necesario pasar nueve veces por debajo de ella.
Aquí se celebra una de las romerías más populares de Galicia. Coincide con el segundo domingo de septiembre, excepto cuando ese domingo es día ocho, entonces pasa al siguiente, es decir, al día quince. Hay un dicho popular que dice que la Romería de A Virxe da Barca no baja del nueve ni sube del quince. Éste se refiere al día principal, que siempre es en domingo.
Cuando llegué el mar estaba tranquilo; una cierta paz reinaba a mí alrededor y decidí tomar asiento sobre A Pedra de Abalar. Con la mirada perdida en la inmensidad del mar, busqué abstraerme del entorno más próximo. Por momentos, quise imaginar cómo puede ser este lugar en los días más devastadores de invierno, cuando los temporales azotan con toda crueldad las costas. En las piedras más próximas al mar pude ver las marcas que en forma de cicatrices va dejando el duro y basto golpear de las olas en los días más bravos de temporal. Fue entonces cuando comprendí el porqué de tanto sufrimiento entre las gentes de esta tierra. Había oído que el mar sigue arrancando constantemente vidas humanas a los pueblos de esta parte de Galicia. Hombres que salen a faenar en las proximidades de las costas y que nunca regresan a casa. Cuerpos que aparecen desgarrados y devueltos a tierra por las enfurecidas aguas de este violento mar. Dicen por aquí que no hay familia que no haya entregado al mar alguno de sus miembros como tributo. Y sin embargo, el binomio hombre-mar seguirá unido por siempre en A Costa da Morte. Esta relación de amor y odio seguirá así a lo largo de los tiempos, y todos saben que el mar les cobrará todo lo que ellos le arrebatan para su subsistencia. Una vez recuperado de mis pensamientos, busque con mis ojos la piedra que me abrigaba, y me pregunté cómo es posible que las aguas pudieran desplazar esta mole del lugar en que se encontraba. Al otro lado de las rocas estaba un hombre que llamó mi atención. Continúa...
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