El amor nunca muere
Aracne La Hilandera
He escuchado muchas veces que el amor puede surgir con una primera mirada, y yo lo entendí hace trece años. 
La primera vez que lo vi era muy, muy pequeñito. Me miraba con sus ojos nerviosos, vivaces, brillantes... era precioso... Lo tomé en mis brazos, lo besé y lo acuné hasta que se quedó tranquilo. Era tan chiquitito y estaba tan indefenso. Me costó adaptarme a él precisamente por su carácter nervioso desde que era un bebe, y que se fue marcando con los años y que nunca cesó. Aún así lo quería todavía más, porque sabía que me necesitaba, y cuando tenía que ausentarme de casa por unos días lo llevaba siempre en mis pensamientos. Sabía que si yo no estaba a su lado sufría. Sus primeros años fueron preciosos. Le encantaba jugar y robarle los juguetes a su hermano. No los quería para él, ni los usaba; simplemente, se los quitaba y los escondía para hacerle rabiar. Pero su hermano lo aceptaba así y buscaba otros juguetes que escondía en alguna parte para que no se los quitara.
Recuerdo la primera vez que vio una piscina. Lo solté con una sonrisa: sabía lo que iba a hacer, pero quería que lo aprendiera por sí mismo. Fue directo hacía ella y.... tuve que sacarlo rápidamente. Era de noche y el agua estaba helada. Entre risas le di un baño caliente y lo sequé con todo mi amor mientras le regruñía. Al día siguiente no se acercó. Jamás lo volvió a hacer, salvo que yo fuera con él. Le encantaba el agua, nadar conmigo, y muchísimo más el baño que sabía que tendría después.
Son tantos recuerdos bonitos... Era tan vivaz, tan inteligente, tan guapo... Llenaba mi vida... Me encantaba salir a dar largos paseos con él por el campo. Le fascinaba. Todos los sábados me despertaba y reclamaba nuestra salida.
Sin embargo, el sábado todo cambio. Se despertó por la mañana pero no quiso su desayuno ni su medicación de la que nunca se quejaba. No quería tomar nada. Y al rato se tumbó y ya no despertó. Yo había salido a correr y sonó mi teléfono. Pensé que reclaman mi presencia porque ya era tarde y no le di importancia. Contesté y pude escuchar los llantos al otro lado del teléfono que me decía: "no lo puedo despertar, ven pronto...".
Corrí a mi casa llorando, suplicando que no fuera verdad. Pero mis súplicas resultaron inútiles. Entré y traté de despertarlo, pero ya no estaba conmigo. Se había marchado y yo no estaba a su lado, y eso me destrozó el alma.
Siento que le fallé. Que murió sin mi consuelo. Sin mis caricias. Sin tranquilizarlo con mis palabras. Sin poder haberme despedido de él en el último momento.
Y lloro escribiendo este texto que tal vez nadie lea. Lloro porque siento una pena dentro de mí que no logro apagar. Porque estoy hundida y no puedo decírselo a nadie. Porque mi vida, en este mes de marzo, se ha venido abajo completamente. He perdido todo lo que amaba. Y ahora estoy sola. Más sola que nunca y no puedo más... Simplemente eso.
Con amor, Aracne.
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