Un año de indignación
Mario González Sánchez
Por estas fechas se ha cumplido un año desde que los jóvenes, apoyados por gran parte de la sociedad, han salido a la calle para decir basta. El denominado movimiento 15M ocupó las plazas de las ciudades más importantes del país. Era la primera protesta contra quienes han llevado a esta sociedad a la ruina total. Hace unos días, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, decía que el nuevo proyecto de reestructuración de la banca es consecuencia del engaño del anterior gobierno al decir que el sistema financiero español gozaba de excelente salud y que, además, teníamos los mejores bancos del mundo. En poco tiempo se ha comprobado que estas afirmaciones eran pura falacia, pero no olvidemos que por aquel entonces el Sr. Rajoy y su cuadrilla de expertos económicos también lanzaron mensajes que iban en esa dirección. Que no nos venga ahora con cuentos, e intente evadir responsabilidades, que eso se les da muy bien a todos.
Todas las expectativas que nos hizo ver el nuevo gobierno pronto se han desvanecido como polvo en el viento. Y es que, transcurrido todo este tiempo, hemos comprobado que las cosas siguen yendo a peor y no hay perspectivas de que mejoren en el futuro. Los mercados internacionales no creen en nosotros. Día tras días seguimos moviéndonos en el filo de lo imposible, y no hay forma de alcanzar la estabilidad necesaria para empezar a levantar vuelo.
Desde que llegaron al poder han utilizado una estrategia que poco a poco ha ido perdiendo credibilidad. Se quejen, constantemente, de la herencia que les han dejado. Esto les está sirviendo de escusa para emprender reformas y promulgar leyes que atacan de lleno a los intereses de las clases menos favorecidas. Decía en mi anterior artículo, al que titulaba: Usureros del poder, que se han quedado sin ideas y sin propuestas, y lo único que hacen es arañar unos euros por aquí y otros por allí, como auténticos usureros. Los activos más importantes de los que puede presumir una sociedad son la educación y la sanidad. Las últimas medidas tomadas por el gobierno atacan directamente a estos sectores, y viene a confirmar que ya no hay campo en el que intervenir; eso sí, sin tocar nada que les afecte a ellos de forma directa. Lamentablemente todo lo que están haciendo es ruin y mezquino, pero llegados a este punto tampoco esperábamos más.
Ya nadie se acuerda de las cantidades astronómicas de dinero que llegó de Europa. ¿Dónde está? ¿Quién se lo ha llevado? Como siempre, eso lo sabemos todos. No es de extrañar que ahora Alemania imponga duras medidas para controlar el déficit y mantenga una posición de intransigencia, y es que ellos mejor que nadie saben con quienes se la están jugando. Porque, recuerden, que mientras Alemania afrontaba la dura travesía de unificar dos países con enormes desequilibrios tanto económicos como sociales, aquí vivíamos a cuerpo de rey, gastando y robando lo que no teníamos o nos habían prestado. Fue entonces cuando empezamos a vivir por encima de nuestras posibilidades. Aparecieron los ricos-pobres, de los cuales nosotros éramos el mayor exponente. Fuimos tan osados que incluso llegamos a restregar en las narices de los alemanes que nosotros teníamos unas cifras de déficit público muy inferiores a la suya. Pero Alemania ha sido y sigue siendo fiel a su filosofía. Ha reconstruido un país roto y resquebrajado, nivelando el nivel económico de ambas sociedades y, además, sin dejar de ser el motor económico de Europa. El lastre para Alemania es llevar al lado a países como España, Gracia… que en gran parte estuvieron regidos por gente corrupta y sinvergüenza.
Ahora estamos viendo que las comunidades autónomas son un auténtico lastre para controlar ese ansiado déficit, pero no olvidemos que la gran mayoría de estas comunidades están gobernadas por el PP. Y mientras el nuevo gobierno francés se ha impuesto una reducción de sueldos de hasta un 30%, además de promulgar una orden por la que todos los altos cargos del país tendrán que utilizar el transporte ferroviario para trayectos inferiores a tres horas de duración, aquí no quieren ni oír hablar de quitarse un céntimo de euro de los ingresos que provienen del estado. Continúa...

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